¿Solemos abandonar al cuerpo?
- Clínica Matsya Yoga y Nutrición
- 28 jul
- 4 min de lectura
Las formas silenciosas en las que abandonamos nuestro cuerpo
Vivimos en una época en la que hablamos constantemente de bienestar. Nos enseñan qué comer, cuánto ejercicio hacer, cuántos pasos caminar y qué suplementos tomar. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos algo mucho más profundo:

¿Hace cuánto no escuchas realmente a tu cuerpo?
Paradójicamente, muchas personas creen que se están cuidando cuando en realidad llevan años viviendo desconectadas de sí mismas.
Porque abandonar el cuerpo no siempre significa dejar de alimentarlo o ignorar una enfermedad.
Muchas veces, el abandono ocurre de formas mucho más silenciosas.
¿Qué significa abandonar el cuerpo?
Cuando escuchamos la palabra “abandono” solemos imaginar descuido: no dormir, no comer, no atender una enfermedad o ignorar un dolor físico.
Pero existe otro tipo de abandono que pasa desapercibido.
Es el que ocurre cuando dejamos de escuchar nuestras necesidades para cumplir constantemente con las expectativas externas.
Cumplir con el trabajo.
Cumplir con el gimnasio.
Cumplir con la dieta.
Cumplir con la familia.
Cumplir con los pendientes.
Cumplir con ser productivos.
Cumplir con la imagen que creemos que deberíamos proyectar.
Y en medio de tantos “debería”, dejamos de preguntarnos:
¿Qué necesito realmente hoy?
Quizá hoy tu cuerpo necesitaba descansar y tú le exigiste entrenar.
Quizá necesitaba compañía y lo aislaste porque “había mucho trabajo”.
Quizá necesitaba comer con tranquilidad y terminaste comiendo frente a la computadora.
Quizá necesitaba llorar y tú sonreíste para no preocupar a nadie.
El abandono comienza cuando dejamos de considerar al cuerpo como un aliado y empezamos a tratarlo únicamente como un proyecto que necesita ser corregido.
No siempre tiene que ver con la comida
Como nutrióloga, esta es una conversación que considero indispensable.
La alimentación es una parte importante de nuestra salud.
Pero no representa todo nuestro autocuidado.
Con frecuencia reducimos el bienestar a una lista de alimentos permitidos y prohibidos.
Pensamos que si eliminamos el azúcar, comemos ensaladas todos los días o seguimos una dieta “perfecta”, automáticamente estaremos cuidándonos.

La realidad es mucho más compleja.
Podemos tener una alimentación nutricionalmente adecuada y, al mismo tiempo, vivir con ansiedad constante, dormir pocas horas, sentir culpa al comer, trabajar hasta el agotamiento o mantener una relación profundamente hostil con nuestro cuerpo.
Eso también afecta nuestra salud.
La nutrición no ocurre aislada de nuestras emociones, nuestro descanso, nuestras relaciones, nuestro estrés o nuestra historia personal.
Comer es importante.
Pero el autocuidado va mucho más allá del plato.
El perfeccionismo corporal: cuando la búsqueda de salud se convierte en violencia
Quizá una de las formas más normalizadas de abandonar el cuerpo es exigirle que se parezca a un ideal imposible.
Durante años nos hicieron creer que modificar nuestro cuerpo era sinónimo de amor propio.
Que entre más sacrificio hubiera, mayor era el compromiso con la salud.
Pero vale la pena preguntarnos:
¿Un cuerpo cuidado necesita pasar hambre?
¿Necesita entrenar incluso cuando está lesionado o agotado?
¿Necesita sentir culpa por disfrutar un postre?
¿Necesita someterse constantemente a procedimientos dolorosos o invasivos únicamente para alcanzar un estándar estético?
No estoy diciendo que cualquier procedimiento estético sea incorrecto ni que toda decisión sobre nuestro cuerpo sea negativa.
La diferencia está en el lugar desde donde nace esa decisión.
¿Lo hago porque deseo cuidar de mí?
¿O porque siento que mi cuerpo, tal como es, nunca será suficiente?
Cuando el objetivo deja de ser el bienestar y se convierte únicamente en cumplir con un ideal de belleza, el cuerpo deja de ser un hogar para convertirse en un proyecto interminable de corrección.
Y vivir intentando corregirte todos los días difícilmente puede sentirse como autocuidado.
La desconexión emocional también es abandono
Nuestro cuerpo no solo habla a través del hambre o del cansancio.
También habla mediante las emociones.
Sin embargo, muchas personas aprendimos desde pequeñas a ignorarlas.
A decir “estoy bien” cuando no lo estamos.
A seguir produciendo aunque estemos agotadas.
A cuidar de todos antes que de nosotras mismas.
A sonreír cuando por dentro sentimos miedo, tristeza o frustración.
Con el tiempo dejamos de reconocer nuestras propias señales.
Nos acostumbramos tanto al estrés que pensamos que vivir acelerados es normal.
Nos acostumbramos tanto a la ansiedad que olvidamos cómo se siente la calma.
Escuchar nuestras emociones no significa dejar que ellas dirijan nuestra vida.
Significa reconocer que también forman parte de nuestra salud.
Porque un cuerpo que constantemente intenta silenciar lo que siente termina cargando un peso enorme.
¿Cómo empezar a regresar al cuerpo?
Regresar al cuerpo no requiere hacerlo perfecto.
Requiere volver a habitarlo.
Significa detenernos unos minutos para preguntarnos cómo estamos.
Disfrutar el aroma de una mandarina antes de comerla.
Escuchar el sonido del agua mientras nos bañamos.
Sentir la textura de la ropa que elegimos usar.
Respirar profundamente antes de comenzar el día.
Reír con las personas que amamos.
Reconocer cuándo algo nos incomoda y atrevernos a decir:
“Hoy no.”
“Esto no me hace sentir bien.”
“Necesito descansar.”
También implica mirar nuestro cuerpo con curiosidad en lugar de hacerlo con juicio.
Agradecer todo lo que ha sostenido.
Las piernas que nos han llevado a tantos lugares.
El abdomen que ha protegido nuestros órganos.
Las manos que abrazan.
La piel que siente.
El corazón que no ha dejado de latir desde antes de nuestro nacimiento.
El cuerpo no necesita que lo amemos todos los días.
Pero sí necesita que dejemos de tratarlo como un enemigo.

Conclusión
Vivimos en una cultura que constantemente nos invita a hacer más, producir más y corregir más.
En ese camino es fácil terminar viviendo para las expectativas de los demás y olvidarnos de nosotros mismos.
Cuando dejamos de escuchar nuestras necesidades físicas y emocionales, poco a poco nos desconectamos de nuestro cuerpo.
Y un cuerpo ignorado suele encontrar maneras de llamar nuestra atención: mediante el cansancio persistente, el dolor, el estrés, la ansiedad o la sensación de que ya no podemos más.
No porque el cuerpo quiera castigarnos.
Sino porque está intentando comunicarse con nosotros.
Quizá el verdadero autocuidado no comienza con una nueva dieta, una rutina de ejercicio o un suplemento.
Quizá comienza con una pregunta mucho más sencilla:
¿Qué está intentando decirme mi cuerpo hoy?

El autocuidado no consiste en tener un cuerpo perfecto. Consiste en construir una relación en la que tu cuerpo deje de ser algo que necesitas corregir y vuelva a ser el lugar donde puedes habitar con seguridad, respeto y compasión.




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