Autocuidado no es hacer más: 7 herramientas para aprender a cuidarnos mejor. autocuidado nutricion yoga salud psicología
- Clínica Matsya Yoga y Nutrición
- hace 7 días
- 5 min de lectura
Hay momentos en los que incluso el autocuidado puede convertirse en otra tarea pendiente. Meditar. Hacer ejercicio. Comer “bien”. Dormir ocho horas. Tomar agua. Hacer yoga. Escribir en un diario. Ser productivas, pero también descansar. Trabajar, pero mantener el equilibrio.
Y, sin darnos cuenta, podemos terminar intentando cumplir con el autocuidado en lugar de sentirnos cuidadas por él. Por eso quizá necesitamos empezar con una pregunta:
¿Qué significa realmente cuidarme?
El autocuidado no consiste únicamente en las actividades que realizamos. También tiene que ver con cómo reconocemos nuestras necesidades, cómo respondemos a nuestras emociones, cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo, cómo ponemos límites y qué recursos tenemos para acompañarnos cuando la vida se vuelve difícil.
No siempre necesitamos hacer más. A veces necesitamos más herramientas para sostenernos mejor.
Estamos acostumbradas a preguntarnos: ¿Qué tengo que hacer hoy?
Pero quizá con menos frecuencia nos preguntamos:
¿Qué necesito hoy?
Y no necesariamente tendremos la misma respuesta todos los días.
Puede ser descanso. Movimiento. Compañía. Soledad. Alimento. Un límite. Pedir ayuda. Salir. Detenernos. Hablar con alguien. Hacer algo que disfrutamos.
Parte del autocuidado consiste en desarrollar la capacidad de escuchar esas señales y responder a ellas con mayor flexibilidad, en lugar de seguir automáticamente las exigencias externas o internas.
No se trata de satisfacer inmediatamente cada necesidad, sino de empezar por reconocer que existe.
Desarrollar recursos para relacionarnos con nuestras emociones. autocuidado nutricion yoga salud psicología
Cuidarnos emocionalmente no significa sentirnos bien todo el tiempo.
Tampoco significa eliminar emociones como tristeza, enojo, miedo, frustración o incertidumbre. Todas forman parte de nuestra experiencia. Una mirada más realista del autocuidado consiste en desarrollar recursos que nos permitan identificar lo que estamos sintiendo, darle espacio, regularnos y decidir qué necesitamos hacer con ello.
Algunas herramientas pueden incluir respiración, escritura, movimiento, prácticas contemplativas, apoyo social, descanso o acompañamiento profesional cuando lo necesitamos.
La pregunta deja de ser: “¿Cómo hago para no sentir esto?” y puede convertirse en:
“¿Cómo puedo acompañarme mientras estoy sintiendo esto?”

Muchas personas han aprendido a relacionarse con su cuerpo principalmente desde la evaluación.
¿Cómo se ve?
¿Cambió?
¿Cumple con determinado ideal?
¿Qué pensarán los demás?
Pero nuestro cuerpo no es solamente algo que observamos desde afuera. Es el lugar desde el que vivimos. Reconectar con él puede implicar aprender a reconocer sensaciones, cansancio, comodidad, tensión, hambre, saciedad, placer, energía y necesidad de descanso. También puede significar revisar algunos de los mensajes que hemos recibido a lo largo de nuestra vida acerca de cómo “debería” verse un cuerpo. El autocuidado corporal no necesita partir del deseo de modificar nuestro cuerpo. Puede comenzar simplemente por aprender a habitarlo con mayor respeto.
Cuidar nuestra alimentación sin convertirla en otra forma de control
La alimentación también forma parte del autocuidado. Sin embargo, cuando el bienestar se presenta a través de reglas rígidas, alimentos “buenos” y “malos”, culpa o perfeccionismo, algo que debería ayudarnos a cuidarnos puede convertirse en una fuente adicional de preocupación. Nuestra relación con la comida es mucho más compleja que seguir una lista de instrucciones. Influyen el hambre y la saciedad, pero también la satisfacción, disponibilidad de alimentos, cultura, emociones, preferencias, economía, horarios, convivencia y contexto.
Por eso aprender sobre alimentación también puede significar preguntarnos:
¿Cómo quiero relacionarme con la comida? Podemos explorar una forma de alimentación en la que la nutrición importe, pero donde también exista espacio para flexibilidad, placer, conexión y vida cotidiana.
Recuperar el movimiento como una forma de conexión
El movimiento puede ser una herramienta extraordinaria de autocuidado. Pero no cuando siempre está asociado con castigo, compensación o exigencia. Mover nuestro cuerpo también puede significar explorar:
¿Qué movimiento me resulta agradable?
¿Qué necesita mi cuerpo hoy?
¿Cómo cambia mi estado después de moverme?
¿Puedo modificar una práctica cuando algo no se siente bien?
Yoga puede ser una de esas posibilidades. No porque tengamos que ser flexibles, dominar posturas complejas o convertirnos en practicantes avanzadas. Sino porque podemos utilizar elementos como movimiento, respiración, atención y observación para desarrollar una relación diferente con nuestra experiencia corporal. El objetivo no tiene que ser hacer una postura perfecta. Puede ser aprender a escucharnos mientras nos movemos.
Entender que descansar también requiere aprendizaje
A veces estamos agotadas y, aun así, nos cuesta detenernos. Porque descansar puede despertar culpa. Porque sentimos que deberíamos estar aprovechando el tiempo. Porque aprendimos a asociar nuestro valor con nuestra productividad. O simplemente porque hemos pasado tanto tiempo respondiendo a estímulos que detenernos resulta incómodo. Por eso descansar no siempre significa únicamente dormir. También podemos necesitar espacios de menor exigencia, pausas, recreación, silencio, contacto social agradable o momentos en los que no tengamos que producir nada.
El descanso no necesita ser un premio después de haber hecho suficiente. También es una necesidad humana.
Aprender a poner límites y pedir apoyo
Hay una pregunta que me parece especialmente importante cuando hablamos de autocuidado:
¿Quién cuida a quien cuida a todos?
Hay personas extraordinariamente capaces de estar disponibles para los demás.
Escuchan. Resuelven. Organizan. Acompañan. Cuidan. Pero les resulta mucho más difícil reconocer cuándo ellas necesitan algo. El autocuidado también puede implicar aprender a decir:
Esto no puedo hacerlo hoy.
Necesito ayuda.
Necesito tiempo.
Esto no me hace bien.
Quiero hacer las cosas de otra manera.
Los límites no son una forma de dejar de cuidar a los demás. Pueden ser una manera de incluirnos también a nosotras dentro de las personas que merecen nuestro cuidado.
Entonces, ¿qué tiene que ver el yoga con todo esto?
Yoga no tiene que significar únicamente posturas. Podemos utilizar prácticas de movimiento, respiración, atención, filosofía y contemplación como herramientas para observar cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestras necesidades y nuestra vida cotidiana. Y tampoco necesitas tener experiencia previa para comenzar.
No necesitas ser flexible.
No necesitas saber meditar.
No necesitas conocer filosofía de yoga.
Y definitivamente no necesitas querer convertirte en maestra o maestro de yoga.
El yoga puede ser una herramienta. El autocuidado puede ser el hilo conductor.
Es aquí donde autocuidado nutricion yoga salud psicología, entran a complementarse.
Del conocimiento a la práctica
Leer sobre autocuidado puede ayudarnos a reflexionar. Pero hay una diferencia importante entre saber que necesitamos cuidarnos y desarrollar recursos concretos para hacerlo.
Precisamente de esa pregunta nació nuestro Diplomado Yoga y Autocuidado en Clínica Matsya.
Es una experiencia de 100 horas en la que integramos diferentes dimensiones del bienestar para explorar herramientas relacionadas con emociones, alimentación, cuerpo, movimiento, descanso, resiliencia, prácticas contemplativas y yoga aplicado a la vida cotidiana.
No está dirigido solamente a profesores de yoga.
Está abierto también a personas que simplemente quieren aprender nuevas maneras de acompañarse y cuidarse.
Y no necesitas experiencia previa en yoga.
¿Qué incluye Yoga y Autocuidado?
Además de las sesiones del diplomado, la inscripción incluye clases ilimitadas de yoga, brunch, grabaciones de las clases, manual y materiales de apoyo, acceso a Classroom, 1 Asesoría nutricional al mes y 1 tutoría emocional al mes y beneficios para futuras actividades de Clínica Matsya.
Y como material complementario de bienvenida recibirás también el eBook Relación con la comida y mi cuerpo, con ejercicios y reflexiones para comenzar a explorar tu relación con la alimentación, la imagen corporal y el autocuidado desde antes de nuestra primera sesión.
Iniciamos en septiembre.
Duración total: 100 horas.
Horario: 5 fines de semana, de 11:30 a 18:30 h. (sábado y domingo).
Inversión: 6 pagos mensuales de $3,480 MXN, con opción de pago completo.
Tal vez la pregunta no sea: “¿Necesito hacer más?”
Sino: ¿Necesito más herramientas para cuidarme?
Si esa pregunta resonó contigo, puedes escribirnos la palabra AUTOCUIDADO y te contamos cómo funciona el diplomado y cómo puedes inscribirte.
Consigue más info en:








Comentarios